lunes, 12 de noviembre de 2012



El encuentro




A mano alzada te dibujo en el vidrio sudado, excavo las gotas y te hago salir. Te traigo de la muerte moliendo la distancia, amasando tu imagen, moldeándote un corazón. Te invento como un barquito de papel… liviano, casi invisible, casi desaparecido. Te hago venir y vos querés, nunca te rebelás. Me aceptás en mi capricho enfermizo de animar objetos, de encerrar la vida entera en un par de horas.

Llegás en silencio, con los botones de tu piel desprendidos, con los cordones de la precaución desatados. Llegás como el último pasajero, el que perdió todas las estaciones y ahora baja porque el tren ya no puede más. Venís como consecuencia de las puertas cerradas y las llaves perdidas, como el resultado inapelable de un solo dado que está limpio y rueda sin trampas.

*La imagen pertenece a Jacec Yerka

jueves, 23 de agosto de 2012


 La Ocasión





El chico del combate olvida su casita blanca cuando ve a la mujer de los ovillos. La batalla le urge en los ojos y le salen armas de las manos. Ella traza la frontera con hilos plateados, como saliva de luna, como destino de caracol. Hace un círculo, una gota fría y se queda dentro. No cuenta con la hoguera que el chico lleva en el vientre, con la penitencia que sufre desde hace varios días. Lo olvida, trata de olvidarlo, pero él ha acribillado todas las vidrieras y a cada momento la asalta en la calle.

Las cerraduras han empezado a parpadear, quieren ver la caída de las madejas, los ovillos enredados, los colores mezclados, fundidos, las agujas erguidas, las tijeras aplaudiendo. Las granadas escupen su seguro y se preparan para inmolarse, las cortinas sueltan sus ataduras y dejan desnudas a las ventanas. El aire se ha puesto furioso, se ha llenado de escamas, el arco se ha tensado y la flecha ha cerrado los ojos. Los relojes ataron sus brazos y los teléfonos se amordazaron. Es la caída de la casita blanca y los hilos de plata. 

* La imagen pertenece a Yan McLine

domingo, 1 de julio de 2012


Cómplices



 
Debería encerrarme o irme lejos o comportarme de una buena vez. Pero no sé hacer nada de eso y sigo bailando en una sola baldosa, sigo agitando la paz de los muertos, la rutina de los maridos.

En la gran mesa de los amigos, tu mano llega a mi rodilla, yo redoblo la apuesta y con mi pie voy a tu ingle. Tus párpados caen rendidos y yo le sonrío a tu esposa. Lo que más te gusta es ver como muevo los hilos.

Hay que cabalgar sobre las teclas para que el piano vomite una escalera y hay que rodar por los escalones para merecer la fiebre de una alcoba ocupada.

Me aseguraré de tajear las paredes para que sus ojos dulces arrojen el jugo de las engañadas

¿No es hermosa en su sufrimiento?


* La imagen pertenece a  Caryn Drexl

martes, 26 de junio de 2012


Las Cosas

 

Son las cosas que pasan, este nudo en el pecho, son esas cosas. Es una opresión, como una mariposa negra, de esas que salen en verano como para recordarte que no todo es perfecto y cálido.

Es haberte visto después de tanto tiempo, esta tensión en mi rostro, es por haberte visto otra vez. Es como estar muy seria, un poco enojada, un poco dolida, un poco queriendo escapar de ahí.

Es por habernos besado así de compromiso, esta incomodidad de no mirarte, es por haberme acercado a tu rostro nuevamente. Ni siquiera fue un beso del todo, fue una colisión, un accidente, una formalidad de huesos vestidos de piel que se tocan simulando que todo es nada.

Son las cosas que pasan, esta respiración a cuentagotas, son esas cosas que pasan y que no terminan de irse.


* La imagen pertenece a  Greta Buysse