El encuentro
A mano alzada te
dibujo en el vidrio sudado, excavo las gotas y te hago salir. Te traigo de la
muerte moliendo la distancia, amasando tu imagen, moldeándote un corazón. Te
invento como un barquito de papel… liviano, casi invisible, casi desaparecido.
Te hago venir y vos querés, nunca te rebelás. Me aceptás en mi capricho
enfermizo de animar objetos, de encerrar la vida entera en un par de horas.
Llegás en
silencio, con los botones de tu piel desprendidos, con los cordones de la
precaución desatados. Llegás como el último pasajero, el que perdió todas las
estaciones y ahora baja porque el tren ya no puede más. Venís como consecuencia
de las puertas cerradas y las llaves perdidas, como el resultado inapelable de
un solo dado que está limpio y rueda sin trampas.
*La imagen pertenece a Jacec Yerka



